La Trampa del Tiempo: ¿Placer o Cosecha?
Hace poco, tras terminar de estudiar un tema complejo que desafiaba mi paciencia, escribí una frase en mi cuaderno: «La noción del tiempo depende del placer de la actividad».
El tiempo es como el agua que se escapa entre las manos: parece que nunca lo poseemos del todo. Sin embargo, su velocidad es relativa. Cuando viajamos, compartimos con quienes amamos o disfrutamos de una buena comida, el tiempo vuela. En esos momentos de placer, el cerebro se inunda de dopamina y las horas se diluyen en un parpadeo. Pero este fenómeno, aunque parece positivo, tiene una cara oculta y peligrosa.
La cara amarga del placer inmediato
Existe una forma de perder la noción del tiempo que no nos enriquece, sino que nos drena. Hablo del uso compulsivo de dispositivos electrónicos y el consumo de videos cortos. Socialmente aceptado, este hábito nos sumerge en un trance donde podemos pasar del día a la noche sin haber sido conscientes de nuestra existencia.
Esta «pérdida de tiempo» no es descanso, es evasión. Y a largo plazo, el daño físico y emocional es real, porque nos acostumbra a un estímulo que no requiere nada de nosotros a cambio.
El peso de los minutos en el aprendizaje
Por el contrario, cuando decidimos ser creativos, construir una idea o fijar un aprendizaje difícil en nuestra mente, el tiempo cambia su naturaleza. De repente, el «tic-tac» del reloj se vuelve ensordecedor. Estudiar, repetir, concentrarse y volver a intentarlo cuesta.
Es aquí donde nos enfrentamos a la realidad: lo que vale la pena no siempre genera placer inmediato. El esfuerzo se siente lento, pesado y, a veces, aburrido. En una sociedad que nos ha malcriado con la gratificación instantánea, hemos perdido la paciencia para el proceso.
El mito de la cosecha instantánea
Dice un refrán que los frutos no llegan el mismo día que se riegan las semillas. La cosecha es el resultado de cuidar la planta, proteger la flor y esperar el tiempo necesario.
Si solo buscamos actividades que nos hagan olvidar que el tiempo pasa, terminaremos con las manos vacías. El crecimiento personal requiere que nos reconciliemos con esos minutos que «pesan», con el aburrimiento del estudio y con la lentitud del proceso. Solo quien es capaz de sostener el esfuerzo cuando la dopamina no aparece, es quien termina recogiendo el fruto.
Que la búsqueda de dopamina no nos robe el placer de construir algo real.
Porque somos instantes, pero también somos los procesos que decidimos sostener. Que el ruido del reloj no nos detenga, sino que nos impulse a crear algo que valga la pena esperar.
Gracias por compartir este instante de aprendizaje conmigo.
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