El dolor de tu partida
Sí, sentí miedo,
tanto que mis manos temblaban.
Mi corazón casi salía de mi pecho;
mis palmas sudaban,
un frío helado me recorría.
El dolor de tu partida Leer más »
Sí, sentí miedo,
tanto que mis manos temblaban.
Mi corazón casi salía de mi pecho;
mis palmas sudaban,
un frío helado me recorría.
El dolor de tu partida Leer más »
¿Cómo abrazarte en la distancia?
¿Cómo hablarte en el silencio?
¿Cómo no añorarte si estás lejos?
¿Cómo besarte si no te tengo?
En mis sueños te beso,
en mis pensamientos te acaricio,
en mi silencio te hablo,
en la distancia te abrazo,
en mis noches y días te extraño,
y en mi vida te amo.
¿Que si te amo?
Me interrogas, ¿verdad?
Me duele el pecho al confesarte
y, sinceramente, decirte: ¡ya no!
Desde hace tiempo esa palabra
carece de sentido para mí.
Es ya tan solo un «te quiero»,
o un simple «te adoro»,
sencillamente un vocablo vacío.
No logro explicarlo,
¡cómo decirte, cómo contarte!
Lo que siento por ti
es maravilloso, inexplicable.
Deseo, deseo tenerte entre mis brazos,
estrecharte tan fuerte que sienta tu corazón,
besarte hasta perder la noción del tiempo,
acariciarte con suavidad y percibir cada respiración.
Te amo, estés cerca o en la distancia;
te amo en mis alegrías y también en mis tristezas;
te amo en mis problemas y en cada logro;
te amo acompañada, y también en soledad.
Al mirarte, prendado quedé.
Al hablarte, me ilusioné.
Con una rosa te acepté,
y en la noche te soñé.
Negada al amor, para no sufrir,
mis muros se alzaron, altos y sombríos.
Pero irrumpiste tú, y sin pedir permiso,
te robaste mi corazón.
Me enamoré sin percibirlo,
como el alba que llega tras la noche.