el tren de la vida

El tren de la vida

Aprender a esperar la parada correcta.

Anoche, mientras la oscuridad abrazaba la estación y la luz amarilla parpadeaba sobre los rieles, yo estaba sentada. El frío era cortante, de ese que se adentra hasta los huesos, y mis manos estaban gélidas.

Miraba la pantalla con una ansiedad creciente: «Próximo tren en 6 minutos – Sin Parada». Efectivamente, el convoy pasó como un rayo, dejando un rastro de viento helado y una vibración sutil en el suelo. Volví a mirar: «9 minutos – Sin Parada». La megafonía lo confirmaba: «Este tren no efectúa parada, por favor no cruzar las vías…» Y yo seguía allí, prisionera de mis propias ganas de moverme, sintiendo que poco a poco me congelaba, mientras el tiempo pasaba sin utilidad.

Sentí una mezcla de frustración y derrota. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, miré de nuevo la pantalla. ¡La señal se encendió! Decía: «Próximo tren en 5 minutos» y, esta vez, nombraba las paradas. Sentí una alegría íntima, un pequeño triunfo en lo más profundo de mi corazón. ¡Ese tren se detendría!

A lo lejos vi la luz, y poco a poco el tren ideal comenzó a reducir su velocidad hasta detenerse. Subí, busqué mi lugar junto a la ventana y me senté. En ese instante, comprendí algo profundo: el tren al que me había subido tenía una ruta más corta y directa; era el ideal para mi destino.

El sentido de la prisa.

Y justo ahí, con el traqueteo de los rieles bajo mis pies y mirando por la ventana el infinito (pues no se veía nada, todo era oscuridad), me puse a pensar: ¿Cuántas veces, por una ansiedad incontrolable de avanzar, nos subimos al tren que sabemos que no tiene parada en nuestra vida?

Nos forzamos a subir a la fuerza al tren equivocado, aunque no tengamos asiento, aunque no sea nuestra dirección. Presionamos nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestros sueños para encajar en una ruta que solo promete velocidad, pero no destino. ¿Y si aprendiéramos a calcular con calma? ¿Si tuviéramos la claridad para esperar ese tren que coincide plenamente con nuestras necesidades y con lo que de verdad buscamos?

Solo así el recorrido se vuelve disfrutable, nos genera satisfacción y nos sentimos realizados, porque avanzamos hacia nuestro destino, con paradas en la realización de nuestros sueños.

El tren aquí representa la vida.

¿Cuántas veces vivimos la vida de otro? Sufrimos por encajar en rutas y expectativas que no son compatibles con nuestra propia alma, con nuestra esencia y nuestro ser.

Miremos nuestra propia ruta: es un tren que avanza, donde cada parada es un objetivo, un sueño cumplido o una lección aprendida. Tenemos claro de dónde partimos y las metas que nos impulsan. Pero si en un momento de distracción nos desviamos de riel, todo cambia.

Los pasajeros del destino.

En nuestro tren de la vida, vemos muchas personas, muchos episodios, varias historias que se cruzan con la nuestra. En cada parada, las personas se bajan y se suben otras, y aun así, seguimos avanzando.

Al acercarnos al destino final, notamos que hay pocos pasajeros que quedan. No todos llegan al final del camino, pero cada uno, en su momento, jugó un papel esencial: nos dejaron historias, vivimos experiencias, hubo aprendizaje, nos enseñaron límites o nos mostraron caminos. Fuimos compañeros por un pequeño trayecto, pero eso quedará en la memoria.

Al final del día, solo nosotros estamos desde el inicio hasta el final del recorrido. Algunos pasajeros inician y deciden quedarse; otros se suben después y te acompañan hasta el final. Pero la mayoría son temporales: llegan y se van según su propia necesidad, según el momento de su ruta, según nuestro camino y nuestro destino.

La vida es así de efímera en sus conexiones. Nuestra responsabilidad es ser conscientes de este flujo y, sobre todo, asegurarnos de que el tren en el que viajamos es el correcto para nosotros, sin importar la velocidad de los demás.


El tren correcto se siente como un alivio, no como una batalla. Si tienes que forzar la puerta o ir de pie en el pasillo, no es tu viaje. Tu verdadera ruta te ofrecerá un asiento junto a la ventana y te permitirá disfrutar del paisaje, incluso en la oscuridad. Permítete esa paz. Recuerda: algunos trenes no efectúan parada en tu vida, solo pasan como una estrella fugaz, pero el tren indicado reducirá su velocidad y parará justo frente a ti.


Y a ti, ¿cuál es el «tren sin parada» que has dejado ir recientemente para poder esperar con calma el que sí te lleva a tu verdadero destino?


Gracias por leerme, tu presencia en este espacio es muy valiosa para mí.
Puedes leer más de mis escritos aquí. https://bitacoradeinstantes.com/category/instantes/

2 comentarios en “El tren de la vida”

  1. Realmente me encantó,es la manera más madura de expresar esta realidad. Me gusta como utilizas metáforas para explicar todo de una manera más sencilla.
    ¡ÉXITOS! ❤️

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