el valor de lo que está

El valor de lo que está

A veces, no apreciamos lo que tenemos hasta que la vida nos enseña su ausencia. Pero el verdadero tesoro no está en el recuerdo, sino en la conciencia del ahora.

¿Cómo aprendemos a valorar lo que ya no está? ¿Y por qué extrañamos y anhelamos eso que fue?

La complejidad del ser humano, de sus comportamientos y emociones, es fascinante. Es difícil hacer coincidir lo que pensamos, sentimos y deseamos. Cuando lo intentamos, entramos en una burbuja de cuestionamientos e indecisión. Y, a decir verdad, hay cosas que si las razonamos, carecen de lógica, porque no están hechas para entenderse, están hechas para sentirse, para hacernos vibrar en cada fibra de nuestro ser.

Todo esto nos lleva a pensar en lo que ya no está, en lo que se perdió. Aquello que ayer era parte de nuestra vida y hoy solo es un recuerdo. Nuestro cuerpo, mente y corazón lo echan de menos, y sentimos que lo necesitamos más de lo que imaginábamos.

A veces, todo cambia en un instante: un clic, un abrir y cerrar de ojos, y nada vuelve a ser igual. Solo queda el recuerdo, grabado en la memoria, tal vez con nitidez, tal vez transformado por la nostalgia para consolarnos o quizá para culparnos.

Y es justo en ese momento, cuando todo cambia, que comprendemos que muchas veces vivimos en piloto automático.

En la rutina diaria, hay cosas, personas y momentos que damos por hecho. Sabemos que están ahí, pero dejamos de notarlos, de agradecerlos, de valorarlos, hasta que desaparecen. Entonces entendemos cuánto significaban realmente y lo importante que eran para nosotros.

Y como nada es permanente, un día llega la tormenta. Arrasa con todo, y al amanecer, nada es igual: la vida, la rutina, nuestro lugar seguro, incluso nuestros sueños. Ya nada es como lo recordamos, queda un vacío imposible de traducir en palabras; solo ese sabor amargo de lo que fue y ya no es, de lo que tuvimos y dejamos escapar entre los dedos, como agua en un colador.

Esto puede pasar con cosas simples:
La nevera que ayer funcionaba y hoy se dañó.
El transporte que no llegó a tiempo.
Son detalles pequeños, pero que nos recuerdan su valor solo cuando faltan.

Y claro, también sucede con las personas. Con esos seres que amamos con el alma. Ayer estaban, hoy ya no. Y duele. Duele su ausencia, pero duele más el tiempo perdido, los silencios no aprovechados, las palabras no dichas, los abrazos postergados. Duele saber que creímos que habría un mañana… y ese mañana no llegó.

Sí, valoramos más lo que ya no está, y solo abrazamos el recuerdo de momentos que pasaron inadvertidos, pero que hoy son tesoros.


El valor real de las cosas y las personas no está en su ausencia, sino en la conciencia de su presencia.
Hoy tenemos la oportunidad de romper ese piloto automático.
Dejar de esperar la tormenta para darnos cuenta de lo que poseemos. El tesoro no es el recuerdo, es este instante, esta conexión y el «te quiero» que podemos decir ahora.


Y para ti, ¿cuál es esa pequeña cosa o ese instante que hoy no has valorado y sabes que mañana podrías extrañar?


Gracias por leerme, tu presencia en este espacio es muy valiosa para mí.
Puedes leer más de mis escritos aquí. https://bitacoradeinstantes.com/category/instantes/

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