entre vivir y mirar la vida pasar

Entre vivir y mirar la vida pasar

¿Cuántas veces has terminado el día sin tener algo agradable que recordar?
¿Sin una anécdota o una historia genuina que contar?

No sé si a ustedes les pase, pero a mí sí. Claro, no ocurre todos los días y eso es importante, pero a veces sucede. Terminamos la jornada, nos metemos en la cama y no hay nada, absolutamente nada que recordar de ese día que nos saque una sonrisa genuina, que nos haga achicar los ojos de emoción o que, incluso, nos haga lamentar que ese instante no durara más. Es triste, pero pasa.

Y cuando esto ocurre, me cuestiono muchas cosas:

¿Será que vivimos como espectadores de nuestra propia vida?

¿Será que solo sobrevivimos, en lugar de vivir?

¿Será que estamos sentados esperando que la vida pase frente a nosotros?

¿Será que nos hundimos en nuestros pensamientos (positivos o negativos) y nos encerramos en una cárcel oscura?

¿Será que vivimos en las pantallas y no vemos la vida real pasar?

Cada ser humano es distinto, y cada etapa requiere su propio ritmo. Pero cuando terminamos el día y no tenemos nada bonito que recordar, algo está fallando, es una señal de alerta, una bandera roja. La vida siempre brinda detalles para rememorar. Entonces, o no estamos viviendo, o estamos tan inmersos en una realidad virtual que ya no alcanzamos a ver la real.

La vida, en cada instante, nos regala momentos para recordar: algunos normales, otros incómodos, pero la mayoría, si los miramos bien, son hermosos. Lo que pasa es que dejamos de prestar atención a lo cotidiano, a eso que damos por sentado. O quizá, desde la seguridad de nuestra casa o habitación, no nos permitimos encontrarnos con ellos; nos limitamos a vivir en soledad sin dar la oportunidad de sentir la comunidad.

Por ejemplo, hay días que recuerdo al señor que me ayudó con las maletas en el tren, o a los chicos que estaban perdidos y me pidieron ayuda. Recuerdo cuando fui yo quien se perdió y cómo esa torpeza me sacó una sonrisa después que me di cuenta que no era tan difícil el camino. Son instantes simples, pero son los que hacen que la vida sea vida.

La belleza está en el cambio constante, en las pequeñas historias que el día nos regala. Pero para verla, hay que vivirla, no solo observarla.


A veces no necesitamos grandes aventuras para sentirnos vivos, solo abrir los ojos a lo simple, a lo normal, a lo que pasa cada día frente a nosotros.
Escribo esto como un recordatorio para mí misma: la vida no siempre grita, a veces susurra. Y si no prestamos atención, nos perdemos esos pequeños instantes que podrían habernos hecho sonreír.


Y para ti, ¿Qué pequeño instante de hoy vale la pena recordar?


Gracias por leerme, tu presencia en este espacio es muy valiosa para mí.
Puedes leer más de mis escritos aquí. https://bitacoradeinstantes.com/category/instantes/

2 comentarios en “Entre vivir y mirar la vida pasar”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!