barco a la deriva (1)

Incertidumbre

¿Alguna vez has sentido que una decisión puede cambiar tu vida, pero no sabes cuál tomar?

Siento incertidumbre, ese miedo de qué pasará y la duda de no saber cuál será el resultado de mis decisiones. Me planteo varios escenarios, listo lo positivo y lo negativo, los pros y los contras para ser objetiva y, aun así, no sé cuál me conviene más, cuál es mejor para mi futuro.

Hoy, más que nunca, quisiera tener una varita mágica que me resolviera el problema. Y es que, en realidad, no es un problema; es una sencilla y llana decisión que tiene un impacto relevante en mi vida presente. De una u otra forma, define mi futuro, traza un antes y un después muy importante que puede hacerme sentir orgullosa o generar arrepentimiento. Ninguna opción es buena ni mala; las dos son distintas en su esencia y en sus resultados. Son caminos diferentes: uno va al norte y el otro al sur.

Cada cosa que hacemos, cada reto que superamos, cada decisión, pequeña o grande, se enfoca en cómo nos vemos mañana, en qué queremos lograr, cómo queremos sentirnos, qué nos hace sentir plenos. Se trata de nuestras prioridades, de lo que es importante para nosotros, de nuestros sueños, metas y objetivos; no en lo material, sino en la realización personal que deseamos, en la plenitud del alma, la mente y el cuerpo.

Si todo está enlazado y lo que hago es el camino hacia lo que quiero mañana, es como una semilla. Hoy la plantamos, la seguimos regando y, poco a poco, crece con cuidado y constancia hasta llegar a ser una planta. La semilla siempre supo lo que iba a ser y tomó justo lo necesario para lograrlo. Pero muchas veces no sabemos qué somos, cómo queremos ser ni qué nos da placer de realización, y por eso vamos por la vida tomando decisiones al azar, dejando la vida como un barco a la deriva: flotando, pero sin un destino.

Cuando somos ese barco a la deriva, no todo está perdido, pero sí nos desgastamos en lugares donde no debemos estar. Pasamos días y noches sin saber a dónde ir, contemplamos la inmensidad y nos sentimos diminutos. La vida pasa, y quizá alguna tormenta no permita que el barco vuelva a flotar, o lo deje un tanto descompuesto y desgastado, porque continúa sin un destino, no porque no pueda, sino porque no lo tiene.

Es momento de mirar al pasado con amor, abrazar el presente con fuerza y mirar al futuro con esperanza. Solo así podemos recordar qué queremos, qué nos motiva, qué nos hace sentir vivos y plenos, y qué le da valor a nuestra existencia.

Debemos trazar el camino y dibujar la ruta, preguntándonos: ¿Estamos trabajando por ello o solo estamos flotando y yendo a la deriva? Trazar nuestro camino no garantiza ausencia de tormentas, pero sí nos permite navegar con intención, rumbo a lo que realmente queremos ser.


Y tú, ¿qué decisión hoy está marcando el rumbo de tu vida?


Gracias por leerme, tu presencia en este espacio es muy valiosa para mí.
Puedes leer más de mis escritos aquí. https://bitacoradeinstantes.com/category/instantes/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!